La invitación.

Las razones no las conozco, ni las quiero conocer. El porque es de ella y solo ella lo tiene que saber.

Me dijo que no quería seguir, que estaba cansada y prefería terminar.

Le dije: está bien, hazlo, pero de todo lo que te vas a perder no lo lamentes.

No sabía si hacía bien, pero ella estaba segura de lo que sentía.

Estaba oscuro a excepción de un pequeño farol que le costaba dar luz, el frío estaba quieto, ni muy intenso, ni muy tranquilo. Lo que pesaba era la tensión, estaba densa y la sentía hasta en mis hombros. Aún así trataba de hacer como si nada, aunque ella estuviese de pie contra el puente mirando el río.

El silencio de la calle dejaba oír nuestros dos corazones latir, como caballos de carrera.

Ese día no tenía afán así que paré para verla a ella escapar, escapar de una vida que no conocía.

Ahí, de pie, por fuera del puente, agarrada por el miedo, a la baranda, me miró y me dijo: ¿lo quieres hacer conmigo?

Y entonces ahí me di cuenta que la apatía de vivir se me notaba más a mi.

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Un destello de sinceridad

No somos todos iguales pero tenemos propósitos similares: crecer, aprender, encajar, compaginar, conectar, integrar. Muchas veces hacerlo con todos cuesta. Ahí está la diferencia en cuanto el carácter, el genio y las ideas, porque aunque sea una misma meta las formas de llegar a ella cambian depende de la cabeza. Nadie deja de ser buen amigo o llega a convertirse “en mala persona” por no encajar con alguien. La vida no es igual para todos y así son las relaciones humanas. Cuando nos meten en el mismo saco el espacio se restringe y el aire es poco para ser compartido. No hay más nada que hacer que aceptar las diferencias y si lo mejor es tomar otros caminos no olvidar que el respeto entre todos es la mejor forma de vivir.

Las buenas memorias y las palabras compartidas son enseñanzas y nadie debe negar que se pueden reciclar para futuros encuentros con otras personas.

La vida es cíclica y los problemas que hoy tenemos pueden variar o podrán ser los mismos,  pero con escalas diferentes. No importa cuantos huevos le pongas a las situaciones muchas veces si no has aprendido lo que tienes que aprender la vida no será como el profesor que dijo que no repetía, ella constantemente seguirá su camino enseñándonos lo que necesitamos y dándonos una palmadita en el hombro o si es necesario hasta un par de cachetadas, solo para hacernos ver que podemos estar mal.

Uno de esos males o enfermedades que llevan muchos en su sistema, son lo juicios. Son lentes pesados que desfiguran la realidad de las personas y nos ponen una gran barrera al acceso con los demás. Como enfermedad tiene la característica que solo afecta al enfermo de juicios porque es el único que pierde en este juego de convivir. Se pierde de conocer la verdad y la historia detrás de cada ser.

¿Te costaría pensar que nuestras almas son compatibles, pero que en esta vida física nos cuesta ponernos de acuerdo?

A lo mejor una cosa desmiente otra y si no nos ponemos de acuerdo probablemente no sean compatibles. Pero no le has sucedido que sientes una gran conexión con alguien y al mismo tiempo la paz no abunda entre ambos. Si no te ha sucedido, maravilloso que no sientas el riesgo de perder esos lazos.

De igual forma creo que en una vida hay muchas vidas, mueres varias veces y vuelves a nacer. Por eso hay gente que está en un momento y en otros no, así que en la medida que este camino nos regale algunas personas disfrutémoslas mientras estén. Lo mejor son aquellos que transcienden contigo cada vez que vuelves a florecer sin juzgar por quién fuiste.

Yo por ejemplo no soy nada perfecta, como el común denominador, es más podría decir que estoy descompuesta, desarmada para algunos momentos y personas qué tal vez no estoy preparada o no soy quien para tener aquellos vínculos. Salvo decir que no busco el mal para nadie pero no llevo medalla de oro en la amistad o el amor.

Sin embargo creo que tengo una ventaja en la forma como veo la amistad, la cual no me parece necesariamente una cuestión lineal. Me refiero que la amistad no es la consecución de momentos por los que estuviste para esa persona, la amistad entendida por mí , es el vínculo y encuentro con otro ser en cualquier momento sea bueno o malo, sea inclusive después de mucho tiempo sin estar, pero que cada encuentro vuelva a ser como siempre. Debo confesar que he perdido algún amigo por no ser la persona más atenta a su consideración y eso lo entiendo, por mi lado no espero que mis amigos estén porque a veces ni siquiera quiero que estén, entiendo que las personas tienen vidas con ocupaciones y preocupaciones, que la vida no es cuestión solo social sino también individual y qué hay mucho procesos que está bien vivir los solos.

Como ya he dicho no soy nada perfecta y como tal he llegado alguna vez a ser necia con mis palabras, a dejarme provocar por la rabia y lanzar algún comentario fuerte. Me he dado cuenta en mis errores que la sabiduría está más en lo que se evitar decir que en lo que expresamos solo por dar una opinión que puede ser necia y apresurada.

Hay gente lista con el dedo para señalar te y querer sacarte los problemas de esta vida y la otra. Lo que esa gente no ve es que cuando te están señalando con un dedo hay tres en contra mirándolos. Lo cual dice más de ellos que lo que hablan del otro.

Perdón a quien lea esto, perdón por lo que hiciste y perdona por lo que te hicieron. Sin duda como dice mi mamá, hay que vivir ligeros, ligeros de rabias y rencores con el otro. Cargar un maletín lleno de pesares nos impedirá seguir el camino cómodamente.